Lo que 3 años de universidad me han enseñado

Mientras escribo esto, culmino el tercer año de Licenciatura en Ingeniería de Software y a lo largo de este trayecto mis perspectivas han cambiado, yo he cambiado y mi conocimiento lo ha hecho también.

Para cualquiera, decir que terminé el tercer año de una carrera de cuatro años y medio puede ser un signo de que ya sé la mayor parte de lo que se debe saber antes del título; aunque esto sea cierto, existen enseñanzas que no guardan relación con esto.

Te voy a relatar mi experiencia, explorando año por año lo que hice, lo que me enseñó y lo que pasa ahora mismo.

Primer año: ¿Qué hago aquí?

Semestre I

Mi primer año de universidad fue complicado, no tenía idea de la diferencia que representaba estar en la universidad versus la vida de colegio; me sentía literalmente como un niño.

En primera instancia, nunca me sentí muy animado por entrar a la univerdad y la irresponsabilidad que venía arrastrando desde el colegio se reflejó en mi desempeño. Ahora no tenía profesores persiguiéndome por notas, asistencia obligatoria, citaciones con los padres y realmente a nadie le importaba si hacía mi trabajo o no.

Exploré todas las calificaciones posibles por el simple hecho de no estar seguro de querer estar ahí, no le veía el propósito. Los motivos eran varios, como los de cualquier joven de 18 años inconforme con la educación que se ofrece.

El primer semestre pasó por encima mío, lo que recuerdo que aprendí de aquel entonces es nulo. No aprendes nada si asistes a la universidad sin estar mentalizado de que quieres aprender.

Semestre II

Mi calificación no me permitió elegir cómodamente mi horario y quedé asistiendo durante la tarde; y por trivial que parezca, hace mucha diferencia.

Luego de 14 años acostumbrado a clases matutinas; a salir y no preocuparme más por el colegio/escuela/universidad, estar en la tarde hizo que mi día fuera solo universidad.

No existía tiempo para salir, pues en la mañana la mayoría de los locales que frecuentaba estaban cerrados, los compañeros ocupados y en la noche no había energía para salir; además de estar ocupado pensando en que aún existían deberes que realizar para el día siguiente.

No todo fue malo con este horario, aunque salir a mediodía de casa para ir a clase no era tarea sencilla, y el ánimo de los profesores no era óptimo; ya que muchos de ellos se encontrabas agotados por las sesiones matutinas o asueñados por el almuerzo que acababan de comer.

Ir a la universidad en la tarde me permitió aprender algo y fue la importancia de despertar temprano. Aun sabiendo que no tenía que hacerlo, despertar a las 7am (relativamente temprano), me brindó lo que necesitaba para dedicar tiempo a mí mismo; así pude leer, escribir y estirarme sin necesidad de salir apurado y con la sábana enredada.

Me di cuenta de la importancia que tenía el tiempo de relajación antes de trabajar y cuánto afectaba en mis niveles de energía durante el día.

Segundo año: Ya no soy un primerizo

Este año en general tuvo un sabor extraño y apenas comencé a sentir que estaba en la carrera

Semestre I

Luego de tener que asistir a un curso durante el verano retomé la universidad con la esperanza de no volver a pasar por ello. La experiencia que había adquirido durante el primer año, en teoría, debía ayudarme a no cometer el mismo error.

Resultó que lo hice, iba con un promedio regular, hasta que llegó el final del semestre y por motivos ajenos a la universidad, me ausenté a mi examen semestral de Física I. Ahí se fue todo el tiempo invertido en la materia; para mi “suerte” el profesor me colocó Incompleto como nota final, con lo que no se afectó mi índice.

Aquí fue cuando comencé a valorar mis calificaciones, ya que no solo tendría que repetir la materia sino que me quedaría pendiente tomar el curso de Física II del siguiente semestre. Si hubiese sido otra carrera, estaría con un año de atraso por una sola ausencia. Y eso, sería un año más sin estar convencido de lo que hago en la universidad.

Volviendo a la nota, la valoro como tarea para para terminar la carrera; pero no como métrica para mi conocimiento.

¿Recuerdas que en primer año obtuve todas las letras? F fue una, lo bueno es que aproveché este semestre para cubrir la materia pendiente. Con la que más allá de la nota, aprendí a valorar la responsabilidad, pues la materia estaba basada en tareas.

Semestre II

Estuve tomando una materia menos, mas eso no evitó que este fuera el semestre en el que entendí de qué trataba la carrera y en el que fortalecí un poco mi interés por la misma.

Todavía me encontraba con algunas de las dudas de primer año, lo que me importó en este semestre fue sentir que realmente estaba aprendiendo algo que valía la pena. No digo que las materias que tomé antes no sirvieran de nada, el asunto es que no habían logrado captar mi atención al nivel de hacerme pensar que estaban agregando valor.

Además concluí con las materias matemáticas (sin incluir Física), lo cual me dejó pensando qué tan indispensables son para este tipo de carreras. Cuando exijo explicación, suelen responder que es por ser parte del tronco de ingeniería y debo tomarla si quiero ser ingeniero; también sale otro inteligente a decir que es para desarrollar el pensamiento analítico.

¿En serio?, la matemática que se necesita en la computación es diferente y la complejidad de los problemas abstractos de la informática, naturalmente, promueven el análisis.

Sí, no dudo que Cálculo sea aplicable en la ingeniería de software, pero pasaron dos años y nadie supo brindarnos ejemplos de cómo se utiliza esta matemática dentro del campo.

Por otro lado, si eres estudiante de computación, mi recomendación es que te enfoques en matemática discreta que resulta aplicarse de manera más frecuente.

Lo que pude sacar a esta altura de la carrera, cuando comencé con los cursos relacionados, fue que hay que agarrarle el gustito a lo que se estudia y esto, no siempre sucede temprano.

Tercer año: Ya estás graduado

Lo que asumen los profesores

Semestre I

Puede ser que haya demorado un poco en darme cuenta de esto, después de todo me gradué del colegio y pasé dos años de universidad; pero hasta ahora percibí la demanda de energía que suponen los estudios. Echaré la culpa de esto a algo que corregí el siguiente semestre.

Aquí fue más como lo que esperaba desde un principio de la universidad, un poco de mano dura y cierta libertad de creación; sin embargo, sentí el abuso de desentendimiento y falta de claridad por profesores, situaciones ante las cuales no podía tomar muchas medidas como estudiante.

Este sentimiento, me hizo caer en cuenta de algo que me atrevo a decir me define como persona, si te complican el camino o no saber hacer algo, no tengas miedo de buscar tus propios medios para solucionar los conflictos y seguir adelante.

Y vamos, profesores, entiendo que nos quieran dejar un poco para que investiguemos por nuestra cuenta, pero por lo menos atiendan cuando existen dudas sobre lo que investigamos.

Semestre II

El último semestre que cursé, y debo decir que es al que más provecho he sacado. La actitud de los profesores no cambió mucho en comparación, pero uno aprende su ritmo y se vuelve más llevadero.

Este es el semestre en que me puse un propósito, el de hacer mis deberes con tiempo; algo que no hice el semestre anterior y fue la causa de tanto desgaste de energía. Fácil de decir, pero necesitaba algo más que eso; es lo que todos los estudiantes nos decimos las primeras semanas.

El cambio que decidí realizar iba más allá de la universidad, y fue organizarme más a nivel de vida. Comencé a apuntar fechas de parciales, realizar deberes antes de tiempo e inclusive tomar apuntes durante clase. No puedo decir que no fallé ni una vez (de hecho, las veces que lo hice, fui consciente de ello), pero hubo mejora en comparación a los demás semestres y se pudo percibir al final de éste.

Lo que aprendí, marcó y poco a poco va marcando más mi vida, y es aprender a organizarse. Encontrar tu propio ritmo, entender mejor cómo funcionas y así cómo obtener lo mejor de ti.


Todavía me quedan 3 semestres por delante, pero mi enfoque ante la universidad ha cambiado y no tengo tanto rechazo a ella como al inicio de la carrera.

Me gustaría compartir un poco sobre cómo veo la universidad más adelante, pero hasta entonces espero que este artículo te sirva de algo si vas a entrar, si estás cursando o ya saliste de la universidad, pues las lecciones que he aprendido van más allá de lo que se aplica en un aula de clase.

Gracias por leer.

Alberto Castillo Gordón

Alberto Castillo Gordón
Estudiante de Ingeniería de Sofware y Autodidacta

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